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¿Qué es la formación? Está claro que sabes la respuesta, pero no sé si has reflexionado sobre ella, porque no es una cuestión tan simple. Básicamente, la formación es el proceso por el que adquirimos conocimientos. Hasta aquí, todo bien.

Pero, ¿qué pasa si no aprendemos nada? ¿Es entonces formación? Quiero decir: ¿cuántas veces has hecho un curso y te has quedado igual (o peor) que como estabas antes? Porque a mí me ha pasado.

Personalmente me encanta formarme y aprender. Es un disfrute. Además, me da igual el tema siempre que aprenda algo. Hombre, si el curso es de ganchillo (con todo el respeto a los fans del ganchillo) así de primeras no me tira… pero seguro que si me pusiera me acabaría gustando.

Así que siempre que me apunto a una formación la empiezo con pasión. Soy el típico alumno coñazo que se entusiasma, se apasiona y pregunta con fervor. Pero en más de una ocasión me he llevado desilusiones… no se trata de buscar culpables. Sencillamente hay formaciones que no funcionan. Ya sea por el formador, por la temática o simplemente porque los conceptos son difíciles de transmitir… a veces la cosa no fluye.

Bien. Dicho todo esto, me pregunto: ¿qué hay que hacer para que una formación fluya? O dicho de otro modo, ¿cómo nos aseguramos de que el alumno aprende? Y aquí es donde yo lo tengo claro.

De todo lo que vemos en una formación, nos acordaremos de una parte, nada más. Lo importante es que esa parte sea lo más grande posible y dure el máximo tiempo posible en nuestra memoria.

Pues la cuestión es que hay dos puntos fundamentales que garantizan (casi al 100%) que aprendamos. Son las dos caras de una misma moneda: ejemplos y diversión.

La formación necesita de recursos para que sea efectiva. Los ejemplos son uno de los más importantes, pero son difíciles de encontrar.
Los ejemplos son fundamentales, pero no son fáciles de diseñar

Ejemplos

Lo primero es que haya ejemplos. Buenos, claros, sencillos e ilustrativos. Ejemplos que lleven la teoría a un plano práctico que nos permita establecer conexiones. Esto hace que los conocimientos se ENTIENDAN. Porque, my friend, la primera condición sine qua non para aprender es entender.

Los ejemplos son casi más importantes que la teoría. No, qué coño, son mucho más importantes. Una buena formación debería tener más ejemplos que teoría. Todo el mundo los agradece, y está esperando a que lleguen como agua de mayo.

Claro ¿qué ocurre? Que son difíciles de preparar. Mucho. Requieren de un curro que te cagas. Y no siempre se dispone de tiempo (o ganas) para currarse esos ejemplos.

Diversión

Esta es la madre del cordero (the lamb´s mother). Si te diviertes, aprendes. Por eso en muchas formaciones se hacen juegos (que son un ejemplo más) para que la gente se olvide de que está aprendiendo. Jugando y divirtiéndote aprendes el triple de rápido. Y encima no te cuesta.

Pero hay muchísimas maneras de divertir a tu audiencia. Muchas. Jugar es una de ella, pero hay muchas más. De hecho, la diversión y los ejemplos se entrelazan de forma sinuosa: ¿Por qué no poner ejemplos divertidos?

Pues ya lo tenemos, ¿no?

Ni de coña lo tenemos, my friend. Porque vamos a ver…

Imagina que te encanta la pintura. Eres fan de Vahn Gohg, de Monet y de Kandinski. No tienes un cuadro de ellos en el salón porque valen el sueldo de varias vidas… pero lo tendrías. Así que te apuntas a un curso de pintura. Y ya te lo digo yo: muy malo tiene que ser el profesor para que no te guste el curso y no aprendas nada.

Ahora bien, si en lugar de pintura, el tema va del Real Decreto que regula el teletrabajo, el profe lo tiene muy chungo para engancharte. Claro… hay temas que se prestan más que otros, y esto es normal.

Pero más allá de todo esto, está claro que podemos crear una formación que tenga ejemplos y sea divertida. Y por eso ha nacido KAOS BUSTERS. No nos engañemos, la gestión de empresas no es un tema divertido, ni de coña. Así que el curro que nos hemos pegado para conseguirlo es bastante importante.

Está científicamente comprobado: si te diviertes, aprendes el doble (o el triple o... no sé, mucho más)
Está científicamente comprobado: si te diviertes, aprendes el doble (o el triple o… no sé, mucho más)

KAOS BUSTERS

Y así llegamos al meollo de la cuestión: qué es KOB. Primero, es una formación, en el sentido estricto de la palabra. Yo, Tarzán, tú Cheeta. Yo, enseño, tú aprendes. Pero es algo más. Porque KAOS BUSTERS enseña conceptos que no son ni fáciles, ni intuitivos. La gestión empresarial es un área del conocimiento árida y compleja. Así que buscar ejemplos que sean divertidos es realmente complicado. Peeeeeero, lo hemos hecho. Claro, si entiendes por “divertido” lo mismo que nosotros. Cosa que, por cierto, tampoco es fácil.

¿Y qué te vamos a enseñar? Pues a mejorar tu negocio o tu trabajo, teniendo las cosas más controladas. Porque no hay cosa que mas estrés produzca que no tener las cosas controladas.

Vale, el exceso de control también es malo, pero por nuestra experiencia, la mayoría de las empresas pecan por defecto, y no por exceso.

Y resulta que hemos encontrado un concepto que nos ayuda mucho a ilustrar todo esto: el KAOS. Suena muy grande, muy de peli de superhéroes, pero no es más que otra forma de llamar al desorden y al descontrol. Siempre decimos que el KAOS no se puede destruir (porque no se puede) así que la única opción que tenemos es aceptarlo y buscar la manera de convivir con él, domándolo y poniéndole un cerco.

Pues de eso va KAOS BUSTERS, de que aprendas (con ejemplos, diversión y de forma sencilla) herramientas que te van a ayudar a que HAGAS LAS COSAS MEJOR. A que cambies tu forma de hacer las cosas, a que seas más eficiente (y más eficaz). A que trabajes menos horas, y dediques el tiempo a ir al gimnasio, al cine o a estar con tus hijos. Tú decides. Al final el objetivo es muy simple: que seas más feliz.

¿Y quién no quiere ser más feliz, pardiez?